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Fue el primer hijo varón de
Jaime I el Conquistador y su segunda esposa
Violante de Hungría. Siendo, por tanto, el segundo
heredero, ya que la corona correspondía a Alfonso
como primogénito. Pero las malas relaciones de Jaime
con Alfonso, que falleció muy pronto, y la ambición de
Violante favorecieron a Pedro en los repartos.
Accede al trono tras la
abdicación de su padre, que morirá en 1276, recibiendo
los reinos de Aragón y de Valencia y el condado de
Barcelona, mientras que el resto de condados
catalanes, Rosellón, Cerdaña y el reino de Mallorca
pasan a su hermano, Jaime II de Mallorca. Pedro
se opuso ahora a esta fragmentación, como antes lo
hiciera su hermanastro Alfonso.
Cuando se convirtió en rey,
combatió a Jaime de Mallorca hasta conseguir que le
prestara vasallaje, manteniendo el control
político-económico sobre Mallorca y restableciendo
la unidad jurisdiccional de la Corona de Aragón,
rota por el testamento de Jaime I.
A la edad de veintidós años caso
con la princesa siciliana Constanza de
Hohenstaufen, hija de Manfredo, regente de Sicilia,
y nieta del emperador alemán Federico II.
Este matrimonio y la continuación de la política de
expansión en el Mediterráneo que emprendió su padre
le llevaron a reclamar derechos sobre Sicilia,
aprovechando además el descontento de la población
local con la política de la casa de Anjou que había
derrocado a Manfredo para instalarse en el reino.

Embarque del rey Pedro III en
su expedición a oriente.
Pintura de R. Tusquets
Así pues, en el año 1282, con su
inmensa flota desembarca en Sicilia derrotando a
Carlos de Anjou, hermano de San Luis de Francia, y
es coronado rey en Palermo. Esto le supone la
enemistad con Francia y con el Papa Martín IV quien le
excomulgó y otorgó el reino de Sicilia al segundo
hijo del Rey de Francia, Carlos de Valois,
llamando a la cruzada contra la Corona de Aragón.
Las Vísperas Sicilianas
son el momento culminante de la política
mediterránea de la Corona de Aragón, a la vez que
ponía fin a la idea de una restauración del Imperio
latino de Oriente por obra de Carlos de Anjou.
Sicilia, en manos del rey de Aragón, era una
formidable base contra sus enemigos, y sobre todo,
junto con Túnez, permitía el control de las
principales rutas del Mediterráneo, era la clave de
la ruta de Levante, muy potenciada tras el
movimiento cruzado. El comercio catalán recibió un
gran impulso, gracias a los privilegios obtenidos de
inmediato, a la creación de una red de consulados y
a la exportación de cereales, casi en régimen de
monopolio.
La invasión de Sicilia le supuso
también la necesidad de hacer concesiones a la
nobleza aragonesa, que no veía con buenos ojos esta
política de expansión. A cambio de su apoyo, les
concedió el llamado “privilegio de la Unión” (ya que
los nobles se habían agrupado en la llamada “Unión
Aragonesa”).
El privilegio consistía en el
compromiso del rey de respetar los fueros, y la
convocatoria de Cortes anualmente. Esta convocatoria
de Cortes anual, se extendió a Cataluña en 1284. Se
van a sí poniendo las bases del modelo pactista
aragonés, frente al autoritario castellano.
En ese mismo año caía prisionero
el príncipe Carlos de Salerno, hijo de Carlos de
Anjou y gobernador de Nápoles, y en España se
conseguía la anexión de
Albarracín, previo acuerdo
con Castilla.

Pero el peligro mayor se cernía al otro lado de los
Pirineos, donde el rey de Francia, Felipe el Atrevido,
se disponía a hacer efectivo el dominio otorgado a su
hijo por el Papa sobre la Corona aragonesa. El reino
de Aragón se había avenido al fin a ayudar a su rey
contra los franceses. Éstos, tras algunos éxitos
iniciales, fueron derrotados, al fin, en el mar
(frente a las islas Formigues) y en tierra, en el coll
de Panisars, en 1285. Los franceses hubieron de
abandonar España.
Pedro III apenas pudo sacar el fruto de su
victoria. Ordenó expediciones de castigo para quienes
no le ayudaron o se le opusieron: Jaime II de
Mallorca, que se había aliado con los franceses, y
contra
Sancho IV de Castilla, que había incumplido sus
promesas de ayuda. Sólo en el primer caso hubo
resultados positivos. Mallorca fue incorporada por el
primogénito Alfonso, ocho días después de la muerte de
Pedro el Grande.
A su muerte, dejó
el reino de Sicilia a su segundo hijo
Jaime, que más tarde se convertirá en
Jaime II de Aragón, y el resto de territorios
(Aragón, Cataluña y Valencia) a su primogénito
Alfonso III. Fue sepultado en el monasterio
cisterciense de Santes Creus, por el que había
mostrado particular predilección durante su vida,
manifestando su deseo de ser enterrado allí. De
momento fue depositado en una tumba provisional,
hasta que se realizó el proyecto definitivo, una
urna de pórfiro, que se supone traída desde Sicilia
por Jaime II, donde aún reposan sus restos.
Según nos
señala José Hinojosa Montalvo
(académico de la Real Academia de Historia), en el campo de la cultura
literaria Pedro III tuvo
fama de ser un excelente trovador, y su extraordinaria
personalidad ha hecho que pasara a la historia con el
calificativo de «Grande», y de ella se hicieron eco
los propios cronistas de la época, quienes llevados
por su admiración hacia el personaje no dudaron en
calificarlo como «lo segon Alexandre per cavaleria e
per conquista», como hizo Bernat Desclot en su
Crònica, y para Ramón Muntaner era, nada menos,
que el hombre que había nacido con más gracias después
de Jesucristo. El orgullo hacia el Casal de Aragón se
traslucía en estas alabanzas. Las gestas del monarca
generaron un ciclo poético que duró hasta el
Romanticismo, siendo objeto de multitud de poemas, de
alabanza o denigratorios, por parte de los trovadores,
mientras que Dante dijo de él: «de todo valor estuvo
ceñido su corazón»; apareciendo en la famosa novela de
caballerías «Curial y Güelfa» y hasta el mismo
Shakespeare se hace eco de sus gestas.
De su matrimonio nacieron los
siguientes hijos:
-
Alfonso III de Aragón (1261-1291),
rey de Aragón,
Valencia,
Mallorca y
conde de Barcelona.
-
Jaime II de Aragón (1267-1327),
rey de Aragón,
Valencia,
Mallorca,
conde de Barcelona,
rey de Cerdeña y de
Sicilia.
- La infanta
Isabel de Aragón (1271-1336), Santa Isabel de
Portugal, reina consorte de Portugal por el
matrimonio en 1288 con
Dionisio I de Portugal.
-
Federico II de Sicilia (1272-1337),
rey de Sicilia.
- La infanta
Violante (1273-1302), casada en 1297 con el
infante Roberto de Nápoles, futuro
Roberto I.
- El infante
Pedro de Aragón (1275-1291).
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